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Cómo dimensionar tu infraestructura en la nube

Una de las dudas más comunes al momento de decidir si debo o no migrar mi infraestructura en la nube, son los costos. Conoce cómo puedes ahorrar, migrando de forma segura.

Optar por migrar la infraestructura a la nube es una de las estrategias más populares y generalizadas en estos días para las compañías modernas de software. Esto se debe a sus beneficios, como mayor velocidad o agilidad; razones suficientes para que las compañías se apresuren a migrar su infraestructura y aplicaciones a plataformas de nube públicas, como Amazon Web Services o Google Cloud Platform.

Sin embargo, no deben pasarse por alto las dudas que todavía tienen muchas compañías respecto a migrar o no. Estas inquietudes no están completamente infundadas, existe una posibilidad real de que la migración no sea exitosa. Ahora bien, esto no significa que sea un proceso riesgoso. Si nos detenemos a planear e instrumentar cómo vamos a llevar esto a cabo, será suficiente para explotar todos los beneficios que nos trae estar en la nube. Además de que nos ahorraremos tiempo, costos y esfuerzo.

Si vemos el panorama ante el que estamos, no tendría sentido comenzar a monitorear una vez que ya terminamos de migrar. Entre más temprano comencemos a instrumentar una estrategia de descubrimiento y monitoreo, más rápido podremos llevar a cabo la migración y tendrá más posibilidades de ser exitosa. Por esa razón, a continuación presentamos una guía de este proceso.

Dimensionamiento

Una vez que decidiste migrar a la nube, quizás te preguntes cuál es el siguiente paso que tienes que llevar a cabo, la respuesta es: dimensionar, pero ¿a qué se refiere esto? Cuando tu aplicación tiene una arquitectura monolítica habita, por ejemplo, en 3 servidores. Hasta ahí muy bien. Ahora, el problema que se nos presenta es que no es posible tomar eso mismo y ponerlo en la nube con las mismas características. Es un poco más elaborado que eso.

“¿Por qué no podemos solo tomar lo que tenemos como está y ponerlo en otra parte?“ Bueno, la razón se relaciona directamente con las ventajas de la nube. Cuando una arquitectura habita en un número limitado de servidores no puede moverse nada, sin importar si, por ejemplo, llegan más usuarios a la aplicación o si un día hay una disminución considerable. En cambio, la nube es elástica, lo que significa que es capaz de adaptarse a la demanda. Además, otra razón es que cada uno de los elementos de tu arquitectura van a tener su propio lugar en la nube: bases de datos, caché, aplicación, almacenamiento, etc. Lo que es también una ventaja porque es ahí donde podrás beneficiarte con la reducción de costos, ya que dichos recursos pueden emplearse bajo demanda.

Volviendo al dimensionamiento. Esto puede hacerse de manera práctica mediante un monitoreo con distintas herramientas, como APM o monitoreo de infraestructura dinámica, las cuales nos dará una fotografía clara de los recursos que necesitamos para dimensionar en la nube. Ahora ¿cómo saber que todo funcionará correctamente después de la migración? Ahí los grandes aliados serán los KPI’s: porcentaje de disponibilidad, duración promedio, tiempo de carga de la página, throughput, porcentaje de memoria utilizada, tiempo de respuesta y Apdex. Estos indicadores nos permitirán realizar una comparativa entre nuestra infraestructura monolítica y la dinámica.

Migración

Mientras se migran las aplicaciones a la nube, lo primero que se debe hacer es identificar y corregir cualquier conducta o resultados inesperados tan pronto como sea posible. La detección de errores y problemas oportunos en relación a la nueva arquitectura, desempeño y escala en la nube, es crítico. Tener la información correcta en el momento correcto es la diferencia entre tener éxito o fallar.

Un factor importante, como mencionamos anteriormente, es comparar la infraestructura en un antes y después para saber si la migración fue exitosa o no. ¿Y cómo hacemos eso? Llegó el momento de hacer la comparación de KPI’s antes anunciada. Aquí se podrán comparar las líneas de base que se hicieron en un inicio y se podrán generar tableros para hacer una comparativa en las líneas de base de cada aplicación que se migró. De manera ideal, la comparativa de dicha líneas de base mostrará si la migración fue o no exitosa. Este es el paso más importante de la migración, el cual debe estar respaldado por una estrategia de monitoreo y análisis de datos en tiempo real.

Optimización

Una vez que migramos a la nube, ¿ya está todo listo o necesitamos algo más? Migrar es un proceso y, como tal, es necesario dar el soporte necesario en todas las etapas, incluidas las posteriores a la propia migración. Una vez que nuestra infraestructura ya se encuentra en la nube, el siguiente paso es supervisar los servicios que se están utilizando y optimizarlos para perfeccionar nuestros costos, el desempeño, el escalamiento automático y, sobre todo, mejorar la experiencia del cliente.

Cuando la infraestructura ya está en la nube es momento de evaluar el gasto generado. Esto debido a que, a pesar de que se realizó un dimensionamiento de costos antes de la migración, después de terminado el proceso es necesario verificar los resultados obtenidos. Luego de esto se puede optimizar y ajustar los recursos que se utilizan en la nube. Para esto los equipos de tecnología o DevOps serán de gran ayuda, ya que pueden impactar en los gastos posteriores con acciones que van desde la selección de recursos más eficientes, configuraciones correctas hasta tomar mejores decisiones considerando las variables comerciales.

Como se ha revisado, migrar una infraestructura a la nube es un proceso que puede simplificarse con una estrategia de monitoreo adecuada a las necesidades de cada aplicación y de cada negocio.

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